Ubiergo y la roca de Las Chilcas

Publicado el at 5:08 pm
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Eduardo Osorio
Periodista y escritor

En los días del “18”, el cantautor Fernando Ubiergo -entrevistado en Radio Bío Bío por Nibaldo, uno de los hermanos Mosciatti- manifestó en una de sus intervenciones que recordaba con nitidez un pasaje que intrínsecamente alude a nuestra zona.

Para explicarles el contexto, esa tarde de fiesta dieciochera en que todo el mundo celebra, la radio acompañaba a los más quitados de bulla y caseros, dándonos a conocer aspectos de las trayectorias de artistas nacionales, en este caso Fernando Ubiergo.

Es así como en un pasaje del reportaje, el celebrado cantautor contó a su entrevistador que cuando se empinaba de la niñez a la adolescencia, su padre -un notable poeta porteño- ya separado de su madre, lo embarcaba en Santiago en aquel tren tan añorado que unía la capital con Valparaíso, para que visitara a sus abuelos en el Puerto, lo que era toda una aventura.

Cuenta Fernando que él, por ejemplo, aprendió a identificar un olor a tren típico, vaya uno a entenderlo, aunque este hombre que canta al sentimiento, motivos poderosos habrá tenido.

Pero, al por esa época ya futuro trovador -y es lo que destacamos en esta columna- le llamaba la atención particularmente, ya adentrándose en lo que es nuestro terruño mediterráneo y próximo a Llay Llay, una inmensa roca que era como la catedral, entre otras de gran tamaño, las que tenían inscripciones, algo así como graffitis de la época, y las que se visualizaban claramente desde la ubicación de Fernando, ubicado en el asiento en que su papá lo acomodaba en la Estación Mapocho.

Aún más -precisa- le embelesaba leer en la de más altura, de colosal tamaño, la inscripción “Dios es amor”.

Es entonces cuando el sorprendido periodista le pide mayores sensaciones al respecto. “Claro”, ahonda Fernando, “esa frase constituía para mí todo un misterio y a la vez un mensaje que caló hondo en mi vida”.

“Quizás desde ahí”, completa, “quedé impresionado con lo que significa Dios, y en el cual creo profundamente, pero sin intermediarios, sin iglesias de por medio”.

A partir de ese momento la entrevista tomó otros y esperados rumbos por sus canciones, giras y espectáculos, amén del motivo de sus tan inspiradas letras y música, pero algo quedó dando vueltas en el aire, en el éter.

Y es que esa inscripción, todavía, a pesar del tiempo, desteñida y todo, produjo en quien escribe, y que esa tarde lo escuchó de los propios labios del autor de “Un café para Platón”, una especie de conmoción a pesar del jolgorio de las Fiestas Patrias, pero a la vez un momento de profunda espiritualidad, que solo artistas tan sensibles como Ubiergo pueden detonar. Para meditar.

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