Total misterio en torno a baleo ocurrido en céntrica botillería en Quillota

Publicado el at 30/10/2020
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Cerca de las 21 horas del sábado un desconocido bajó de un auto y disparó contra el local “Caña Brava” para luego huir de inmediato

QUILLOTA.- Hace casi una semana, el sábado pasado, un violento hecho ocurrió, cerca de las 21 horas, en las afueras de la botillería “Caña Brava”, ubicada en la intersección de las calles Blanco y Yungay, a pocas cuadras del centro de Quillota.

Sin más testigos que las cámaras de seguridad del servicentro Copec ubicado frente a la botillería, un misterioso automóvil de color blanco apareció por calle Blanco para detenerse en calle Yungay. Hasta ahí nada era muy sospechoso, hasta que se abrió una de las puertas del vehículo y desde él descendió un hombre con una escopeta en la mano, y que -desde la vereda de enfrente- apuntó directamente a la botillería, disparando cuatro veces, antes de correr y subir nuevamente al auto, el cual ingresó al servicentro para tomar calle Yungay y perderse en dirección a la Avenida Condell.

En ese momento al interior del negocio se encontraba su dueño, Mauricio Barrios, quien afortunadamente se encontraba lejos del ventanal de acceso.

“Estaba en la parte de atrás reponiendo algunas botellas, cuando de pronto escuché cuatro disparos, sonó muy fuerte”, relató aún sorprendido, agregando que los disparos rompieron el ventanal y dañaron todo el frontis del local. 

A pesar de los daños, Mauricio se alegra de que nadie resultó herido, aunque señala que le gustaría saber por qué ocurrió este ataque. “Tuvimos suerte por una parte, acá trabaja sólo la familia, fuimos afortunados de no salir heridos, pero todavía lo que más me interesa es saber por qué lo hicieron. Será que se habrán equivocado, pero no me puedo explicar por qué”, dijo el hombre, quien señala además que tal vez fue obra de alguien que sienta envidia de lo mucho que ha crecido su negocio durante los últimos meses.

Mauricio agrega que para muchos esto podría corresponder a un ajuste de cuentas con alguien de los bajos fondos de Quillota, pero lo desmiente rotundamente. “Para cualquiera esto es una amenaza o un ajuste de cuentas, pero yo no le debo plata a nadie, no me mezclo con gente mala y ni siquiera tengo clientes que pueda pensar que son peligrosos. La verdad es que no tengo explicación para lo que pasó, no sé por qué lo hicieron”, se lamentó el comerciante.

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