Semana Santa, la espiritualidad, la oración y el virus

Publicado el at 4:25 pm
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Roberto Silva Bijit

En estos tiempos hemos sentido la fuerza de muchas personas que creen en la oración, que piden cadenas de oración para poder ayudar a los que están enfermos, a los que están luchando contra el virus en una cama de hospital. Ese rezo que parecía perdido para muchos, retomó fuerza en medio de la angustia de quienes ven que un ser querido está perdiendo la vida en el combate contra ese enemigo implacable que ya ha causado tantas muertes. Incluso se ponen de acuerdo en rezar a una misma hora, en hacer fuerza todos juntos para conseguir salvar a la persona gracias a la intervención divina.

Todos hemos escuchado decir que las Semanas Santas de hoy no son como las de antes, que todo ha cambiado mucho. Y es verdad, todo cambia, todo es distinto. Lo que importa es reflexionar el sentido de esos cambios.

El verdadero cambio es la pérdida de la espiritualidad. No sólo en Semana Santa, sino en casi todas las actividades actuales del ser humano, hay una lejanía de los temas del espíritu y una cercanía a los asuntos materiales.

Más que ciudadanos somos consumidores.

El consumo nos consume y nos quita aliento para soñar, para volar, para hacer crecer el alma.

Cualquier persona tiene cinco o siete tarjetas de crédito, con deudas por los próximos 15 meses. Muchas familias ya no van de paseo a la plaza del pueblo, sino que viajan a pasear a los grandes mall y allí pasan el día, disfrutando de muchas entretenciones y rodeados de vitrinas con precios por todos lados. Mil letreros los llaman a comprar, a consumir, a endeudarse.

Ahora todo es más rápido y pareciera que cultivar el espíritu sigue siendo algo lento, suave, que genera armonías, tan escasas en medio del mundo violento y disonante en que nos ha tocado vivir.

La gente se mira y vale por la ropa que lleva (ojalá con hartas etiquetas), por el auto, por las apariencias. Se han olvidado que debajo de toda esa ropa hay una persona que tiene valores, sensibilidades y un espíritu en construcción permanente.

Ahora más que nunca las personas valen por lo que tienen y no por lo que son.

Por eso hay muchos que recuerdan con nostalgia la Semana Santa, porque lejos de ser unos días de vacaciones, era uno de los pocos momentos de reflexión y espiritualidad que iban quedando. Esos silencios y recogimientos del pasado mostraban a familias que podían darse el lujo de pensar en sí mismas, detenerse ante al tráfago de los días y callar, para escuchar su propio espíritu.

Más allá de la religión de cada uno y pensando que no se trata de creer que el tema es un asunto para católicos, la Semana Santa era una oportunidad que propiciaba además un ambiente de respeto y paz interior. Las radios y la tele tenían programas especiales, los negocios cerraban y las familias se replegaban a sus casas, para reencontrarse de otro modo durante esos días. Todos contribuían a producir y cuidar ese ambiente.

Es posible que la Semana Santa siga siendo para muchos unos días de vacaciones, pero estamos seguros que todavía es posible que para otros -aunque sean los menos- estos días puedan transformarse en momentos para alimentar el espíritu, para revisar el alma, para fortalecer nuestra espiritualidad.

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