Se va desarmando el grupito de curas encubridores que se han opuesto a los cambios del Papa

Digámoslo directamente: la iglesia católica está divida en dos grupos irreconciliables por ahora.

Por un lado los curas que creen que su misión es alta y limpia, que apoyan todos los cambios del Papa y que no están metidos en ningún caso ni como encubridores ni como abusadores. Se sienten formando parte de la Iglesia que puede renovarse.

opinion de funador del diario el observador
Roberto Silva – Fundador de “El Observador”

El otro grupo es tenebroso y está en una actitud enteramente desafiante con el Papa, tratan de postergar las órdenes que envía, no notifican las decisiones tomadas en el Vaticano, se han dedicado a obstruir la acción de la justicia, quieren seguir siendo sometidos solamente al derecho canónico y no al derecho civil y penal de nuestras leyes. Están horrorizados con las incautaciones que han hecho los fiscales al interior de los templos, porque siguen creyendo que lo mejor sería tapar los abusos ya cometidos y seguir dando la bendición en la iglesia, como si con eso pudieran dar vuelta la hoja.

Pero hay un tema más de fondo y que tiene una especie de sello político. Desde siempre la Iglesia ha tenido grupos progresistas y grupos conservadores. La feroz pugna interna se basa en estos dos grupos.

Los conservadores van en bajada, están en la mira del Papa, los quieren sacar del sistema porque todos tienen o abusos o encubrimientos, que en el lenguaje legal es lo mismo, porque son tan culpables los que cometen el delito, como los cómplices que sabiendo que se había cometido ese delito no lo denunciaron.

Los progresistas son curas que han vivido en poblaciones, que han caminado al lado del Jesús pobre, comprometidos no durante la misa del domingo sino todos los días de la semana en ayudar a los más desposeídos. Son los que de alguna manera creen que hay que cambiar el sistema para que todos puedan progresar en forma más pareja y equitativa. Todos los designados por el Papa han estado trabajando en poblaciones pobres y esa es una señal que debe ser leída en Chile por los fieles católicos.

Conservadores como de derecha. Progresistas como de izquierda.

El Papa está abiertamente con los progresistas y está tratando de sacar del templo a los conservadores, que en Santiago y muchos obispados de regiones conformaron una pequeña mafia de protección, evitando que las denuncias salieran a la luz pública. Ellos son los que contestaban con evasivas al Papa, que negaban denuncias, que tramitaron a los fiscales, que se burlaron de los fieles, y son los  mismos que ahora siguen tramitando al mismísimo Papa.

Ocurrió esta semana un episodio de deja claramente demostrado lo que estoy explicando. El ex obispo de Valparaíso, Gonzalo Duarte García de Cortázar, se presentó en calidad de imputado en la Fiscalía de Rancagua, con sus abogados y una vez adentro, fue recibido por el fiscal Sergio Moya, pero prefirió no hablar aduciendo que no sabía de qué se le acusaba y necesitaba recabar más información. Lo citaron para dos semanas más. Pero después de la audiencia el fiscal fue categórico en calificar que la orden de no innovar que presentaron es una “medida obstruccionista, con el fin de estorbar” y que ha mantenido paralizadas las investigaciones en los documentos que incautaron del obispado porteño, sin poder determinar ni las denuncias por abusos sexuales ni los encubrimientos ocurridos en esa diócesis. Opinó también que esa orden de no innovar ya fue revocada por la Corte y cree que pasará lo mismo con las maniobras de Ezzati por impedir la acción de la justicia.

Están quedando atrapados los conservadores y avanzan los progresistas. En todo caso, todos estos trámites judiciales no impidieron que el ex obispo Duarte haya hecho misa el domingo en la parroquia de Quillota, reemplazando al párroco que se encontraba haciendo misiones. Igual hubo fieles que se retiraron del templo apenas lo reconocieron.

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