Empresa Periodística El Observador

La Empresa Periodística El Observador fue fundada el 26 de septiembre de 1970, por el profesor de Historia Roberto Silva Bijit, cuando tenía sólo 21 años de edad.
Durante su primer año de vida, la publicación fue impresa en la rotativa del diario “La Unión” de Valparaíso, hasta que, en enero de 1972, nacieron los talleres gráficos propios, con la adquisición de una linotipia y una prensa plana tamaño cuarto.

El crecimiento de las páginas del diario y el aumento en su circulación, obligaron a ampliar la capacidad instalada del taller, que finalmente fue modernizado por una prensa offset, una máquina de fotomecánica y la incorporación de los primeros computadores, en 1986, dejando atrás el sistema tipográfico de impresión. Nuevamente el aumento de páginas y la extensión de las zonas de cobertura, llevaron a la empresa a adquirir una moderna prensa bicolor, marca Solna, con la cual el diario ingresó a la era del color, tanto en su portada como en el avisaje. Era el año 1994.

Posteriormente, la empresa construyó, en uno de los accesos a la ciudad de Quillota, junto al Camino Internacional, una Planta Impresora, que cuenta con un galpón de mil metros cuadrados, una rotativa alemana de 9 unidades y todo el equipamiento gráfico para la producción de diarios, revistas y libros.

En julio de 2004 la empresa fundó el diario “El Observador” de Aconcagua, para brindar cobertura informativa a las provincias de San Felipe y Los Andes. A estos medios de comunicación escritos se suman las radios “La Calera” y “Quillota”, que transmiten en Frecuencia Modulada, con cobertura en la Provincia de Quillota.

De esta forma, la empresa consolidó su presencia informativa y comercial en la Quinta Región, con seis ediciones semanales y circulación en un total de 27 comunas.

“El Observador” se caracteriza por la elección de sus contenidos informativos, que son muy locales; por su estilo de narrar los sucesos; por la decisión de llevar las noticias de crónicas ordenadas por lugares geográficos y no por frentes informativos, por ser absolutamente independiente de sistemas políticos y religiosos, y por ejercer una fuerte fiscalización a la autoridad, especialmente a la que administra fondos fiscales.