Puchuncaví: unió fuerzas con haitiano para crear un negocio de artesanía

Publicado el at 11:47 am
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Policarpo Menares y su amigo haitiano Livenel Francois hacen muebles de maderas nobles y atienden en la Ruta F-30E

PUCHUNCAVÍ.– “Somos socios. Nosotros trabajamos madera de ciprés, hacemos mesas a pedido, de picnic, de camping, percheros, todo lo que sea utensilios de casas. Y aquí estamos, tratando de ´pegarle el palo al gato´, como se dice. Está difícil la cosa, pero nunca imposible, confiamos en Dios, somos cristianos y aquí nos batimos con mi socio”.

Así define Policarpo Menares el negocio de artesanía que estableció junto a su amigo haitiano Livenel Francois, de 33 años, en Puchuncaví, a una orilla de la carretera F-30E, donde atienden a los clientes que transitan por dicha ruta.

En este sentido, Menares contó que comenzaron con la iniciativa hace casi un año y medio, y que hasta ahora han sido bien recibidos por la comunidad. “Aquí les vendemos a quienes tienen sus casas de veraneo, mayoritariamente. Y como yo había sido carpintero antes, empecé a aplicar toda la técnica y la imaginación”, contó.

Con el tiempo, ha logrado fortalecer su amistad con Francois, a quien conoció en la iglesia e invitó a trabajar con él. “Él venía por intermedio de otro caballero, necesitaba una habitación para quedarse. Entonces nosotros le ubicamos una acá, pero en ese entonces él trabajaba con otra persona que hace lo mismo que yo, pero en La Laguna, pero le pagaban poco y ahí yo le dije, ´Francois, qué te parece si me ayudas aquí´”.

Fue así como después de conseguir algunas maderas se hicieron socios. “Le dije que se viniera conmigo a ser socios y ahí se fue afiatando conmigo y ya llevamos un año. Nos está yendo bien”, dijo Policarpo.

Asimismo, Francois contó a “El Observador” que ha aprendido de a poco. Y es que el oficio de carpintero es muy disímil al trabajo que tenía en Haití. “Yo estoy aprendiendo de a poco, porque en mi país yo trabajaba como químico, preparaba la medicina de los animales. Todo lo que usa el veterinario, para cerdos, gallinas y caballos”, contó.

Y no le ha sido fácil, más aun debiendo estar alejado de sus tres hijos, quienes hasta ahora se encuentran en su país. “Aquí en Chile aprendí a trabajar. Ahora vivo acá con mi señora, tenemos tres hijos que están en Haití. Y si Dios lo permite puede ser que estén con nosotros, pero ahora no podemos decidir”, lamentó.

Sin embargo, quiere seguir su futuro en Chile, esperando que el negocio se asiente y pueda conseguir lo que vino a buscar, una segunda oportunidad. “Él ya es parte de la familia chilena. Nosotros tenemos que abrir la puerta de nuestro hogar, porque la plata no la vamos a llevar al cajón”, sentenció Policarpo.

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