¿Por qué tenemos que vivir en ciudades pintarrajeadas y con su mobiliario público destruido?

¿Por qué tenemos que vivir en ciudades pintarrajeadas y con su mobiliario público destruido?

opinion de funador del diario el observador
Roberto Silva – Fundador de “El Observador”

Luego de conocer Estados Unidos y recorrer sus calles, no puedo dejar de pensar en cuál será la diferencia entre los gringos y nosotros, para que ellos cuiden tanto sus ciudades y nosotros las ataquemos permanentemente.

Ni un rayado, ni un arbolito quebrado, ni un letrero con pintura encima, ni un banco público destrozado, ni un basurero quemado, ni un vidrio de edificio fiscal apeñascado, ningún jardín público lleno de basuras. No se trata de que esté todo sin usar, por el contrario, familias enteras disfrutan del pasto de los parques, todos usan de los bienes que la ciudad aporta para dar una mejor calidad de vida a todos.

Pensemos por ejemplo, lo maravilloso que sería que un municipio con pocos recursos como los nuestros, pudiera poner un paradero de buses sin que nadie le quiebre el vidrio, sin que nadie lo raye, que al revés, todos lo cuiden y lo sientan suyo, que estén convencidos que la ciudad les pertenece, que ellos son los dueños de las calles por donde transitan, no su municipio ni sus autoridades, sino ellos, los vecinos interesados en vivir mejor, tan sencillo como eso, disfrutar un espacio urbano más cómodo y más grato, más hermoso y más limpio. ¿Es mucho pedir?

La inversión de nuestros municipios en mobiliario urbano debe ser pensada contra vándalos, contra bandas de destructores, le ganamos a España y salimos a “celebrar” destruyendo más de 500 buses. No pueden aplicar mucho diseño para sea más bonito, sino tienen que mezclar artefactos que se defiendan solos (bancos de cemento que apenas mueve una grúa) y que a la vez cumplan con su función.

Con toda seguridad, y como siempre, la responsabilidad de estas lacras sociales hay que buscarlas en la calidad de nuestra educación”.

Los gringos han desarrollado mediante la educación y un exacerbado amor a su patria, una gran responsabilidad en los ámbitos públicos. Las multas por dañar el patrimonio ciudadano son altísimas, exigiendo reposición y castigo. La responsabilidad no se delega. Por ejemplo, si un garzón le vende alcohol a un menor de edad, la multa no es para el dueño del local, sino para el garzón que sirvió la copa y para el que aceptó consumirla. Entonces, todos se cuidan porque responden ellos, no como vemos en los liceos tomados, por ejemplo, donde roban, destruyen y nadie paga, como si los niñitos de la toma fueran huérfanos. Parece que el señor Moya no tiene residencia en Estados Unidos.

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¿Qué hace la diferencia? ¿Qué tienen los gringos que no podamos tener nosotros? ¿Son más inteligentes? ¿Quieren más a sus ciudades, a su país? ¿Por qué parecemos tan subdesarrollados si nos comparamos en este tema de la defensa de los lugares públicos?

La verdad es que no tengo muchas respuestas. Tal vez algunas teorías, como esa que dice que ellos aceptan lo que son y cada uno, trabaje en lo que trabaje, se siente cómodo. En castellano más puro, no hay resentidos sociales que anden destruyendo todo lo que encuentran en la calle, aunque extrañamente en sus casas cuidan lo que tienen.

Otra teoría es que respetan al prójimo. O sea, saben vivir en comunidad sin problemas. Aunque son racistas, aceptan la convivencia pública pensando que los bienes públicos deben ser usados y cuidados por todos.

Con toda seguridad, y como siempre, la responsabilidad de estas lacras sociales hay que buscarlas en la calidad de nuestra educación.

 

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