inauguración Centro Cultural michelle bachelet

Pagar dos mil pesos por ver una obra de teatro

 

 

Gustavo Rodríguez Catalán
Jefe de Informaciones

En las últimas semanas me tocó leer o escuchar varios enardecidos reclamos de quillotanos, que no logran entender “cómo es posible” que les cobren dos mil pesos por ver una obra de teatro infantil, en el flamante Centro Cultural “Leopoldo Silva Reynoard”.

“Es para los niños”, “es un recinto municipal y la municipalidad debe hacerse cargo”, “es muy caro” o “la cultura es un derecho” son algunas de las razones que se esgrimen para exigir que toda obra teatral, concierto o exposición que se ofrezca en ese recinto deba, por norma, tener entrada liberada.

No es algo nuevo. Es normal que para la Expo Feria “Yo Creo en Quillota” se critique el valor de las entradas, que la última versión costaron tres mil pesos para público general, dos mil pesos adultos mayores y los niños de hasta 12 años entraban gratis. La parrilla incluyó a artistas internacionales como Pimpinela o Piero y a chilenos como Los Jaivas, Cachureos, “Bombo” Fica, Américo o los espectaculares 31 Minutos.

Entonces surgen las preguntas: ¿Es lícito que una municipalidad -cualquiera- cobre por presentar un espectáculo de calidad? Si la respuesta es sí, ¿cuánto es un valor justo? ¿O será que nos acostumbramos al asistencialismo y al todo gratis, sin pensar que detrás de un evento hay esfuerzo y especialmente costos?

Hace algunos años trabajé en la Municipalidad de Limache, que producía un festival que duraba cinco sábados del verano. Las facturas eran todas de siete dígitos para arriba. Pero además, no se trata solo de contratar a un cantante. Hay que montar escenario; cumplir una ficha técnica de sonido, iluminación y efectos; hay que atender a los artistas, con un camarín equipado y alimentación; los funcionarios que trabajan deben recibir el pago de horas extras, entre otros varios costos de producción.

En la última “Expo Quillota”, el valor total del evento, que incluía además una feria, superó los 408 millones de pesos, de los cuales la Municipalidad pagó directamente casi 100 millones y el resto se financió con entradas y auspicios. Y para el funcionamiento del Centro Cultural “Leopoldo Silva Reynoard”, se destinaron mil 200 millones en el presupuesto municipal de este año. Eso incluye todo lo vinculado al funcionamiento del recinto, sus talleres, personal, además de la producción de algunos eventos que sí serán gratuitos.

Sí, porque aunque a usted le cueste creerlo, son muchos los espectáculos sin costo que ahí se ofrecen y muchas veces, ante un público escaso. Y cuando se cobra es porque corresponde a una coproducción entre la Municipalidad y los artistas, y el dinero que se recauda -menos del valor de una cajetilla de cigarros por persona- va para ellos. Porque los artistas también pagan cuentas, arriendo o dividendo, comen y se visten, como usted y como yo, y esa retribución es el equivalente -de forma parcelada- al sueldo que recibimos por nuestro trabajo. Sí, el artista sobre el escenario está trabajando. Y además del aplauso, merece una retribución económica por ello.

Queda una reflexión final. No se escuchan los mismos reclamos cuando se trata de un megaconcierto organizado por una productora o en el plano más local, las famosas fiestas de la cerveza, también a cargo de privados, que se repiten cada fin de semana de verano, con una parrilla que mezcla rock y pachanga. Sus artistas incluso tienen menor renombre que los antes mencionados, pero las entradas son mucho más caras, partiendo en los cinco mil pesos. Eso sí, vienen con un shop de medio litro de regalo.

Quizás, estimados alcaldes, funcionarios municipales, músicos y actores, ahí está la clave: hay que agregarle un vaso de cerveza a la entrada y nadie reclamará por pagar dos mil pesos por apreciar su trabajo.

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