Nuestra seguridad se sigue debilitando mientras más les compran a los ladrones

 

opinion de funador del diario el observador
Periodista – Fundador de “El Observador”

Los gobernantes y los políticos, especialmente ahora los candidatos presidenciales, no han dejado de hablar en contra de la delincuencia como una complicada lacra que tenemos que intentar enfrentar del mejor modo posible.

De todo lo que hablan muy poco termina en legislación. Prometieron cambios en las leyes para apretar a los delincuentes y hasta la fecha no hay adelantos significativos. La puerta giratoria (lo detienen, entra a la cárcel y sale al día siguiente) sigue girando con más fuerza todavía. Los asaltos han aumentado, los cajeros automáticos los han debido retirar de una gran cantidad de negocios apartados, (que era donde más falta hacían) los traficantes de drogas han tenido algunas derrotas, pero siguen acumulando millonarias ganancias gracias a sus operaciones.

El robo en las casas y en la calle también sigue en aumento. El propio gobierno ha debido rendirse ante las cifras. La cárcel sigue siendo una excelente escuela (¡educación gratuita!) para los jóvenes y promisorios delincuentes. La reincidencia es un asco. Cualquier detenido viene saliendo de la cárcel o tiene tres o cuatro causas pendientes y dos ya cumplidas.

¿Hasta cuándo las anticuadas cárceles siguen siendo el espacio para formar nuevos delincuentes en vez del lugar donde aprender un oficio para ganarse la vida dignamente?”.

Se trata de uno de los grandes temas-país que siguen pendientes, principalmente porque no hay una definición respecto de la forma de abordarlo. En otros temas, inteligentemente el gobierno propone leyes a partir de las estadísticas, lo cual es una muy buena forma de acercarse a la realidad. Los fumadores no han disminuido con la nueva ley: se prepara un nuevo texto más exigente, que cierra aún más el círculo a los fumadores. Los accidentes de tránsito se mantienen, pero la llamada Ley Emilia aumentó responsabilidad y gracias a ella disminuyó la tasa de accidentes con borrachitos que se atreven a manejar.

Sin embargo, en el tema de la delincuencia no se ven esas decisiones. Hay como una gran confusión. Este gobierno, igual que los anteriores, no acepta que salir a robar sea una actividad para miles de chilenos y chilenas, que están organizados y han encontrado en esta forma de actuar su verdadero trabajo. Con eso pagan arriendos, pagan estudios y supermercado, compran ropa y tienen auto, confort y una vida mejor. No se trata que los malos anden robando, sino que familias enteras están organizadas para que el robo sea su trabajo de todos los días.

Los que compran robado financian a los ladrones. A esos también hay que denunciarlos”.

¿Hasta cuándo las anticuadas cárceles siguen siendo el espacio para formar nuevos delincuentes en vez del lugar donde aprender un oficio para ganarse la vida dignamente? Cada uno nos cuesta 500 mil pesos mensuales, ¿dónde están los planes para ayudar a la reinserción de los ex carcelarios?

Y por supuesto, de una vez por todas tenemos que darle verdadero poder a la policía. No más carabineros con las balas contadas y sumariados por defendernos de todo tipo de delincuentes, colmando además el hospital institucional con heridas de agresores “anónimos”. Dejar que los carabineros enfrenten los delitos y crear una policía municipal que vea las faltas y lo administrativo, sería una forma -tal como funciona en Europa- de mejorar el trabajo policial.

Nosotros también debemos aportar en este combate, no dejando que los ladrones vendan lo robado, denunciando a los que lo hacen, llamando a Carabineros si alguien anda vendiendo en dos monedas objetos valiosos. Los que compran robado financian a los ladrones. A esos también hay que denunciarlos, porque ellos ayudan a mantener a esos grupos organizados que delinquen día y noche.

En seguridad seguimos con muchos temas pendientes.

 

 

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