MI BUENA NOTICIA: Fue a España para aprender a enseñar fútbol y hoy forma jugadores de elite

Publicado el at 06/07/2018
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Oscar Castillo partió dando clases en el Parque Aconcagua y entre sus pupilos hay una seleccionada nacional

QUILLOTA.- Oscar Castillo Trujillo tiene 45 años y ya puede decir que tiene un sueño cumplido. Todo comenzó en el año 2001 cuando este quillotano -que estudió la básica en la actual Escuela Arauco y cursó sus estudios medios en el Liceo Comercial- decidió partir a conocer nuevos horizontes y se embarcó rumbo a España.

Allá en el Viejo Mundo permaneció cerca de ocho meses y tuvo la oportunidad de conocer los métodos de enseñanza del futbol. Si bien a Oscar no le era ajeno al tema, pues es hijo del querido ex futbolista y director técnico Wilson Castillo, sí le interesaba empaparse de las metodologías que se estaban implementando en la península. “Me fui porque quería conocer otras realidades, allá pude ver cómo trabajaban otras escuelas de futbol, empecé a fijarme en las circunstancias y características de esas escuelas. Me hice amigo de un español que tenía una escuela de futbol en la localidad de Catarroja, cerca de Valencia y empecé a ir los días sábado con él a ayudarle y para aprender”, recuerda.

Después de casi un año en el Viejo Mundo Oscar regresó a Chile con este bagaje de conocimientos y experiencias, decidido a iniciar una escuela de futbol donde aprovechar lo aprendido.

“No era fácil porque en esos tiempos no había tanto apoyo como hoy, cuando se puede postular a proyectos y cosas así, incluso nosotros partimos practicando en el Parque Aconcagua, porque no teníamos un lugar donde poner la escuela y nos dimos a conocer por el boca a boca, en esa época las redes sociales no eran tan masivas como ahora. Incluso la gran mayoría de los partidos los jugábamos de visita porque no teníamos cancha”, recuerda Oscar.

Pero a grandes obras, grandes colaboradores y por esas cosas del destino Oscar tuvo la oportunidad de conocer a quien sería un gran benefactor de la escuela, “tuve la suerte de conocer a don Luis Madrid, que en paz descanse, y él nos apoyó muchísimo en todo tipo de cosas, como inscripción a campeonatos, movilización, canchas, etcétera”, explica.

De esta forma y a punta de trabajo y disciplina comenzaron a hacerse un nombre, y a atrayendo a más niños a sus clases, lo que hizo más urgente la necesidad de contar con un lugar para sus prácticas. Es aquí donde nuevamente aparece don Luis, quien les facilitó una cancha habilitada en su propiedad ubicada en el paradero 11 de San Pedro.

“Poco a poco fue llegando la gente allá, fuimos haciendo campeonatos de futbolito y la cancha se iba llenando con más niños”, rememora, agregando que partió con solo cinco menores y que actualmente “tenemos más de cincuenta e incluso hay uno que viene desde Los Vilos”.

Pero debía llegar el momento de ponerse pantalones largos y dejar el futbolito atrás para adentrarse en una cancha de fútbol con todas las del reglamento. “Teníamos vínculos con la gente del Club Deportivo Los Amistosos, nos conocemos hace 25 o 30 años porque yo y mi hermano jugamos allí de chicos, entonces pudimos llegar a un entendimiento, de tal forma que muchos niños del sector Los Almendros y La Palma pudieran asistir a la escuela y nosotros pudiéramos usar la cancha de ellos”, explica Oscar.

De esta forma la escuela comenzó a recibir a niños y jóvenes que llegaron a convertirse en señeras personalidades del deporte rey, muchos de los cuales fueron becados. Una de ellas es Ignacia Vásquez, seleccionada Sub-20; y los jugadores Cristian Collao, Ronald Escobar, entre otros destacados que están jugando en diferentes clubes y que tienen a Oscar muy satisfecho, pues su objetivo, dice, es “entregar recreación, participación, valores y dar la posibilidad a quienes tienen el talento y a los que no, darles el aliento para que sean mejores personas”.

Para Oscar el sueño está cumplido, pero no terminado. “Es gratificante tener jugadores en el circuito de la ANFP a nivel profesional y a otros jugando en divisiones inferiores a la espera de su oportunidad. Eso nos da la satisfacción de haber contribuido y también es grato que ex alumnos nos traigan a sus hijos y nos agradezcan en la calle el haberles ayudado a construir parte de su vida”, concluye este “profe” que también ha ayudado a otros a cumplir sus sueños.

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