Mala idea hacer la segunda vuelta presidencial a una semana de la Navidad

opinion de funador del diario el observador
Roberto Silva – Fundador de “El Observador”

Entre las tantas cosas que deben cambiarse por temas electorales es que la segunda vuelta pudiera ser a fines de noviembre. Máximo el primer domingo de diciembre, para dejar en paz a la gente en el mes navideño.

No creo que sea necesario explicar que las familias quieran un ambiente sin debates ni discusiones de grandes temas, justo a pocos días de los encuentros que van a tener en sus casas. Es obvio que verlos en la tele haciendo campaña va contra todo espíritu de Navidad.

Además, nos parece que esta situación puede volver a aumentar la abstención, lo que sería muy perjudicial para nuestro sistema democrático. La tentación de quedarse en la casa puede ser muy grande.

Refiriéndose a las elecciones el mismo don Francisco pedía que ojalá no hubiera Teletón tan cerca de las elecciones, como le volvió a tocar este año, aunque él como nadie sabe sortear esos obstáculos.

Mañana la Presidenta Bachelet vendrá apuradita a Quillota, para inaugurar -en medio de muchísimas otras inauguraciones- el Centro Cultural “Leopoldo Silva Reynoard”. Llegará como a las 9:40 o un poco más tarde y todo el acto durará cerca de 45 minutos.

Creemos que Quillota hubiera requerido un tiempo más largo para celebrar con la Presidenta el Tricentenario de la comuna. Pero las elecciones apuran todo y ponen en relieve otras urgencias.

¿Qué decidirá la elección? Definitivamente: el número de votantes. Ese es el número secreto que nadie tiene claro y que podría inclinar la balanza para uno u otro lado”

¡Qué bonito habría sido un solemne acto cívico-militar en homenaje a los 300 años de Quillota, presidido por la Primera Mandataria! Y más bonito habría sido que en vez de andar tan apurada, hubiera tenido tiempo de escuchar nuestro pasado y conocer nuestros planes a futuro, además de haberle traído un regalito a Quillota, como se hace con las ciudades que tienen un cumpleaños importante. Cambió los días en que iba a venir y las horas en que llegaría, pero ya pasó. Ya se fue.

Así ven desde Santiago a las provincias y en eso tendremos que trabajar un poco más, para profundizar los valores regionales y combatir el odioso centralismo.

Las elecciones alteran todo y convulsionan los ambientes políticos, aunque esta vez, el tema no será menor, porque la definición será a penales, voto a voto, ya que ninguno de los dos tiene una ventaja sobre el otro.

¿Qué decidirá la elección?

Definitivamente: el número de votantes.

Ese es el número secreto que nadie tiene claro y que podría inclinar la balanza para uno u otro lado. La abstención será clave en el triunfo o derrota de los competidores. Aunque sea lamentable, será solo un tema de cantidad, del que convenza mejor y a más de sus votantes.

Antes, en las elecciones se estimaba al ganador por la cantidad de apoyo que tenía en su bloque, cantidad que se podía contar porque la gente iba obligatoriamente a votar. Ahora, aunque uno cuente con determinados grupos de adherentes, nadie puede saber si este domingo tendrán ganas de levantarse de la cama y asistir a sufragar.

Para los dos candidatos toda la fuerza se concentra en lograr que su votante salga de su casa y decida colocar la rayita vertical antes de su nombre. No se trata de esfuerzos ideológicos ni basados en un programa de gobierno, es simplemente, un esfuerzo en materia de movilización.

En eso está nuestra democracia por estos días.

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