La magia y tradición de 37 años de los helados “soft” más famosos del centro

Confitería “Paula” es parada obligada de los quillotanos, que hacen filas para conseguir este suave, refrescante y cremoso helado

En 1978, en pleno centro de Quillota, abrió sus puertas la Confitería “Paula”, un pequeño local que ofrece un sinfín de golosinas, como dulces, helados, bebidas o chocolates, caracterizándose hasta el día de hoy por la venta de sus tradicionales y famosos helados “soft”.

Enrique Peragallo Casas-Cordero, dueño del local ubicado en O’Higgins 241, habla con orgullo cada vez que le consultan sobre este producto, el que destaca por tener un sabor más suave de lo normal y una alta cremosidad.

Este suave helado se vende hace 37 años en el local frente a la Plaza de Armas de Quillota, en cuatro variedades, frutilla, vainilla, chocolate y lúcuma, aunque también se pueden pedir mixtos. Así, se ha convertido en una tradición para los niños y adultos de la ciudad, quienes desde las cuatro de la tarde hacen fila para conseguir su popular barquillo.

Según explicó Peragallo, parte de su éxito se debe a su secreto de preparación, ya que todo depende del tiempo que se le dedique a vaciar el helado en el barquillo. “Mientras más lento se hace, mejor sale su sabor y textura”, aseguró el dueño de Confitería “Paula”.

Máquinas con tradición

Debido a la alta demanda que tiene este suave, cremoso y ligero helado, sus dos antiguas máquinas se llevan todo el trabajo pesado, al procesar los ingredientes que dan como resultado el característico cono con su helado en espiral.

Para que continúen en funcionamiento y mantengan viva la tradición del helado “soft” en la ciudad, Enrique Peragallo lleva el peso de hacer día por medio el mantenimiento de los artefactos, el que, según declaró, “se ha convertido en un trabajo agotador”. Así, para lograr que en la temporada de verano y los días de sol se vendan cerca de 600 helados, se debe tener un cuidado especial, dedicándose a limpiar exhaustivamente los aparatos y volver temprano en la mañana siguiente para ponerlos en funcionamiento, rutina que lleva realizando desde que incorporó las máquinas a su local.

Estos dos artilugios italianos, que llevan 37 años trabajando sin descanso, llegaron a Quillota gracias a una recomendación de un amigo de Enrique, quien le aseguró que la venta de helados “soft” sería un negocio rentable. Recuerda esta historia con cariño y gracia, afirmando que si no hubiese tomado el consejo, el producto, que se ha convertido en una tradición de la ciudad, hoy no formaría parte de su vida.

Ante el avance de las tecnologías y las nuevas máquinas que hay en el mercado, que facilitan el mantenimiento y requieren menos esfuerzo para elaborar el helado, Peragallo declaró que hace diez años tuvo la oportunidad de renovar sus equipos, pero decidió no hacerlo, por el cariño y tiempo que ha pasado con ellas, afirmando que le da pena dejarlas, debido a que toda su vida lo han acompañado en el negocio y han formado parte del éxito que ha generado el especial helado.

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