tradición familiar en punta arenas

La despedida de una generación familiar

Ricardo Maturana opinion
Ricardo Maturana Otey -Periodista

 

Escribo esta columna desde Punta Arenas. Lo hago específicamente sentado en el comedor de la casa de mi abuela materna, al lado del calor que entrega la cocina. Es de noche y afuera hay un frío de 3 grados bajo cero que cala los huesos y que invita al abrigo y la reflexión.

Mi abuela Rosa Álvarez Otey falleció hace algunos días, luego que a sus 92 años, su cuerpo se cansara de batallar. Peleó lo suficiente, ayudado por los cuidados de mis tíos y de otros familiares que apoyaron en estos últimos años, cuando su salud comenzó a decaer.

Alguien me dijo hace poco, que la única muerte es el olvido y tiene mucha razón. Mientras haya recuerdos, ella seguramente permanecerá cerca de todos sus hijos, nietos y bisnietos.

Es verdad eso también porque hay muchas cosas que me traen a la memoria a mi abuela. El calor de su casa es uno de ellos. Tal como cuando era niño, estar en su casa es sinónimo de un calor que parecía un salvavidas en medio del frío austral. Las teteras sobre la cocina con su eterno silbido de vapor, ella vestida siempre con su pintora, sus botines tan típicos y su cabello tomado con un moño. También la recuerdo amasando su pan y preparando una enorme fuente de sopaipillas que eran la delicia de todos mis tíos y primos.

dejé pasar más de 20 años para volver a mi amada y añorada tierra y verla nuevamente. Aunque su salud ya no era la misma, al menos me reencontré con ella”.

Fue una abuela silenciosa, no era de hablar mucho, callada al borde de la timidez, pero sin duda era la piedra angular de su casa y el bastión de sus hijos. Eso mismo la hizo ser una mujer buena, en todo el sentido de la palabra.

Llegó de Chiloé a Punta Arenas -como toda mi familia materna- hace muchos años, tal como lo hicieron miles de chilotes durante el siglo pasado, haciendo más grande esta cosmopolita ciudad, motivados con un futuro mejor.

Después de radicarme en La Cruz junto a toda mi familia, dejé pasar más de 20 años para volver a mi amada y añorada tierra y verla nuevamente. Aunque su salud ya no era la misma, al menos me reencontré con ella.

Vine a su despedida y al de una generación. La misma que comenzó con mis bisabuelos chilotes, Dionisio y Beraila, y sus seis hijos, incluida mi abuela Rosa. Ella fue la última en partir y con su muerte esa generación que forjó nuestra familia en Magallanes, dice adiós. Espero que todos nosotros, seamos dignos herederos de esa odisea que significó hacer patria en la ciudad más austral del mundo.

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