La asombrosa gestión humanitaria de los comedores solidarios de Quillota

Publicado el at 4:13 pm
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Roberto Silva Bijit

¿Quién no ha escuchado a una dueña de casa complicarse porque debe preparar diariamente seis o nueve almuerzos? Y ella tiene razón, porque no es tarea fácil realizar todos los días este verdadero trabajo.

En Quillota, casi milagrosamente, se están entregando 36.000 almuerzos en el mes a nueve mil personas que asisten a los 14 comedores solidarios que están funcionando en las distintas poblaciones de la comuna.

Un hecho asombroso e inédito en la historia de la ciudad. Nunca antes tantos vecinos recibieron tanto de unos pocos ciudadanos comprometidos con el prójimo necesitado.

La ayuda y capacidad coordinadora de la municipalidad ha sido fundamental, especialmente la visión humanitaria del alcalde Luis Mella, que una vez más le muestra a Chile que se pueden realizar experiencias innovadoras en el extenso y maravilloso campo de la solidaridad.

Si revisamos nuestra historia, hay todavía un corazón generoso palpitando en medio de nosotros. Me refiero a la quillotana María del Carmen Benavides, conocida popularmente como la “Beatita Benavides” por su aire santurrón y bondadoso. Ella fue la primera que hace más de doscientos años, inauguró el primer comedor solidario, en lo que fue su casa, en calle O’Higgins (donde hoy está la Fiscalía) y donde ella creó un Asilo Universal para atender en todo lo que necesitaran los más abandonados. Los pobres recibieron comida y atención de salud, recibieron afecto y comprensión en sus malos momentos, recibieron apoyo cuando nadie los apoyaba y no existían instituciones capaces de hacerlo. Tanto es así, que cuando muere la Beatita Benavides, en 1842, se hace urgente la creación del hospital, que ella suplía con su Asilo.

En las páginas de nuestra historia queda claro que ella fue la primera en darle a la ciudad un sentido de comunidad, en contribuir a despertar el sentido solidario que hoy nos llena de orgullo con los 14 comedores que están funcionando y atendiendo a los vecinos más necesitados. Con toda seguridad, ella debe estar ayudando a tantas mujeres que hoy están trabajando por sus vecinos.

A lo largo de los 50 años de “El Observador”, que se cumplen en septiembre, hemos asistido a miles de gestos solidarios: donaciones de dinero, entrega de órganos para trasplantes, compra de medicamentos, reuniones, rifas y fiestas solidarias para ir en ayuda de algún vecino enfermo, pago de funerales, ayuda a estudiantes y grandes señales que demuestran la preocupación por los vecinos.

No es lo mismo vivir en una ciudad donde a nadie le importamos, que saber que en torno a nosotros existen familias que podrían comprendernos y ayudarnos en momentos difíciles. Eso hace grande a una ciudad y le aporta una riqueza espiritual que debemos valorar.

Hay que dar las gracias a tantas personas que han formado esta cadena de solidaridad, que se levantan temprano para poder hacer cientos de almuerzos, que se desviven por sus vecinos, que se acuestan cansados de haber trabajado por los demás y contentos por la ayuda fundamental que han prestado.

Gracias a todos ellos, a los que trabajan, a los que aportan, a los que ayudan, a los que coordinan, al municipio y a los que asisten a los comedores, que permiten que esta llama de solidaridad se mantenga viva en la ciudad.

¡Es reconfortante saber que en Quillota se regalan 36.000 almuerzos al mes!

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