Francisco Coloane y su barco en tierra en Quintero

Cerca de medio siglo vivió en Quintero Francisco Coloane. Lo hacía por temporadas, en una casa que era como un barco anclado. La calle de su residencia, “Santiaguillo”, recuerda el nombre de la primera embarcación que surcó nuestros mares. Además, el sector donde solía habitar es conocido como “El Faro”. Desde allí se ve el océano, relampagueante, imponente y profundamente azul.

Miguel Núñez Mercado
Reportero

Su casa tenía una sensación de barco que pugnaba por salir al mar y Francisco Coloane sostenía que era visitado, a todas horas, por pájaros oceánicos de todos los mares, que dejaban sus huellas sobre los tejados.

También recordaba -con una brusca emoción- a su madre, Humiliana Cárdenas, en su infancia de Quemchi, “llena de `padresnuestros´ en el fondo de los botes donde ella remaba durante las tempestades chilotas. Era una mujer fuerte, que llevaba en la cintura un revólver con cacha de concheperla, con el que recorría a caballo las cientos de cuadras de tierras que poseía”.

De su padre, Juan Agustín Coloane, contaba que seguía cabalmente las tradiciones chilotas que dicen que “el hombre debe trabajar el mar; y la mujer, la tierra”. Hablaba de su padre con admiración. “Los patios de mi casa en Quemchi estaban llenas de osamentas de ballenas. Mi padre era capitán de un barco ballenero”.

Se emocionaba al recordarlo. “Mi padre quería que yo siguiera sus aguas y también fuera marino de un barco ballenero. Desde muy niño me llevó a navegar por los canales de Chiloé. A veces bajábamos a tierra y hacíamos verdaderos picnic en las playas con ensaladas de nalcas y sánguches de ostras, que él, con un enorme cuchillo, extraía desde las rocas de la orilla del mar”.

Pese a los intentos de su padre, Francisco Coloane se decidió por el océano de la literatura y describió las aventuras que vivió o que escuchó -principalmente- junto al fuego en las largas noches del Estrecho de Magallanes, o en Punta Arenas, o en Buenos Aires, en Santiago o Quintero.

Fue peón y capataz de estancias, alambrador en las soledades, amansó caballos salvajes, capó corderos con sus dientes, fue pionero en la búsqueda de petróleo e investigó el asesinato a patadas de una yamana. Periodista en Santiago. “Mi primer oficio fue de cadáver, pues posé como muerto para el reportero gráfico, porque llegamos tarde al sitio del suceso”.

Sin embargo, Francisco Coloane dice que nunca quiso ser escritor y llegó al oficio, “solo por la necesidad de contar lo vivido”. La historia más triste y de la que hablaba poco en su casa-barco de Quintero es la muerte de su padre. “Antes de morir -recuerda- mi padre me tomó la mano y me dijo `volvamos al mar´, como si la muerte existiera realmente solo bajo el párpado del agua.

El 5 de agosto de 2002, a los 92 años de edad, Francisco Coloane “volvió al mar”, como se lo había pedido su padre y cómo estuvo a punto de ocurrir realmente, en la “Playa de los Enamorados” de Quintero, alrededor de año 2000, cuando resbaló entre las rocas y sólo pudo salir vivo gracias a una estrella de mar de la que puso asirse. La mantenía en su casa de Quintero, decorada con tres turquesas, como homenaje a su estrella salvadora.

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