En Los Andes “El Rey de las Cabritas” le pone alegría y sabor a las tardes de la rotonda “Carlos Díaz”

Marco Gutiérrez es un esforzado joven que en la mañana trabaja como operario de maquinaria pesada y en las tardes vende palomitas de maíz

LOS ANDES.- La hora del taco en cualquier ciudad del país es sinónimo de caos, mal humor y en algunos casos hasta insultos. Sin embargo, lo que sucede en la rotonda “Carlos Díaz”, que conecta a las avenidas Argentina y Santa Teresa, parece sacado de otro lugar. Es como si el tiempo se detuviera y la amargura fuera reemplazada por la alegría.

¿Cuál es la receta para este cambio de ánimo? El dulce sabor de las cabritas. Aquel producto hecho con maíz y azúcar que generalmente se asocia al cine, pero que aquí forma parte del paisaje andino. El responsable es Marco Gutiérrez, un joven de 31 años que con entusiasmo y buena onda contagia su simpatía a quienes entre las 5 y las 7 de la tarde regresan a sus hogares y transitan por esta concurrida arteria.

Ya van dos años desde que este emprendedor andino, oriundo de la comuna de Lo Espejo, comenzó a deleitar a la comunidad con sus frescas palomitas de maíz, las cuales vende a solo 300 pesos. Un negocio que Marco conoce como la palma de su mano pues cuando tenía 14 años se subió a una micro por primera vez a vender cabritas. Y desde entonces no ha parado.

Es el segundo de cuatro hermanos y el único dedicado a los negocios, aunque en las mañanas trabaja como operario de maquinaria pesada. Decidió entrar en ese mundo para tener estabilidad laboral y económica, aunque su pasión siempre fue la calle. “Cuando era niño, recuerdo que llegamos a tener a dieciocho amigos trabajando, con poleras y gorros en aquel entonces. Éramos una familia”, afirmó Marco.

ENAMORADO DE LOS ANDES

Pero fue su labor técnica la que lo trajo a Los Andes, hace siete años exactamente. La empresa donde trabajaba le designó la misión de instalar los semáforos que están frente al hospital. “Lo que me motivó a quedarme fue la familia, amarrado por el amor. Una andina me conquistó y así que me quedé, y todo ha sido para mejor”, reconoció con alegría Marco.

Incluso, tiempo atrás se fueron a vivir a Santiago pero retornaron al valle de Aconcagua, añorando la tranquilidad que se respira en provincias. Y lo mejor es que no solo tenía amor y trabajo en una tierra que no lo vio nacer pero lo adoptó como uno más, ya que hace cuatro años llegó Samira, su pequeña hija. “Ella me ha hecho crecer como hombre”, aseguró con orgullo.

Actualmente vive en la Población Portal Nevado, donde es uno más entre sus vecinos que tal vez desconocen el nivel de fama que este carismático trabajador ha ganado. Es cosa de pararse por un par de minutos al lado de su carro, ubicado a un costado del paradero de la intersección de las avenidas Argentina y Santa Teresa, para darse cuenta.

Bocinazos, saludos, apretones de manos, y por supuesto, mucha venta. Tiene su clientela fiel, aquellos trabajadores que vuelven a su casa y anhelan un snack que les permita aguantar el retorno al hogar. Algunos compran una bolsita, otros hasta cinco e incluso diez. A veces, Hasta hay algunos clientes no tienen para pagar pero Marco gentilmente les dice: “mañana me paga, no se preocupe”.

“Volver a vender cabritas fue regresar a mi mundo. Nos permitió vivir más tranquilos, ya que cada vez han ido aumentando las ventas”, sostuvo Marco, que actualmente puede llegar a vender cien bolsitas de cabritas en una tarde.

ESFUERZO FAMILIAR

Un rey sin corona, pero que para muchos andinos por el sabor y textura de su producto es el verdadero “el Rey de las Cabritas”.

“Yo procuro entregar un buen producto. Me importa que el maíz sea de buena calidad y el resto es la dedicación y cariño. Me gusta trabajar en la calle, motivando y dando alegría”, manifestó.

Una de las anécdotas más simpáticas ocurrió tiempo atrás, cuando junto a su compañero de labores (le ha ido tan bien que hasta tiene ayudante) vieron aproximarse una patrulla de carabineros. Se asustaron y pensaron lo peor, pero grande fue la sorpresa cuando les pidieron 10 bolsitas de cabritas. Desde Gendarmería también le han comprado en grandes cantidades, al igual que buses agrícolas o mineros.

Pero consultado por su principal motivación, no duda en mencionar a su familia y su hija. De hecho, gracias al carrito de las cabritas ha pagado la educación de su pequeña. “Con este trabajo saco dinero para mi hija. Está en el Colegio Brega así que anda hablando en inglés. Nos tiene chochos, y más nos motiva como padres para darle lo que uno no tuvo”.

Su sueño es tener otro carrito y así mantener la tradición familiar que nació en Santiago y se trasladó a Los Andes, tal vez, para convertirse con propiedad en el “Rey de las Cabritas”. Al menos, talento, esfuerzo y carisma le sobran. Y la respuesta de los clientes también.

 

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