¿El tren llevará a Santiago o traerá a La Calera?

Si alguien se ofrece a poner plata, siempre un proyecto se pone más atractivo. Algo así es lo que sucede con la iniciativa de construir un Tren Rápido que una Valparaíso con Santiago, para reducir a 45 minutos el viaje de capital a capital y descongestionar la Ruta 68. Ello, porque hace muy pocas semanas, el consorcio internacional chino-chileno TVS hizo una propuesta para construirlo y operarlo por medio del sistema de concesiones. La multimillonaria inversión alcanzaría los mil 600 millones de dólares.

Claudio Espejo
Claudio Espejo Bórquez
Editor

Puestas las cartas sobre la mesa, tanto representantes del Estado como empresarios de la región salieron a alabar la iniciativa, que -de materializarse- tendría que pasar por menos trabas burocráticas para hacerse realidad, en comparación a nuestro ansiado plan de extensión del metrotrén hacia La Calera.

Así las cosas, por su tamaño, este gigante puso algo de sombra sobre el sueño de la Provincia de Quillota, idea que está en su etapa de licitación para los estudios de ingeniería, que se extenderían por casi dos años.

Sólo una vez superada esa etapa, se tendrá claro el costo definitivo de la extensión del Merval, que hasta ahora se ha calculado en cerca de 400 millones de dólares, entre la construcción de la red y sus estaciones; la habilitación de tres vías entre Limache y La Calera; y la adquisición de nuevos trenes, para los 26 kilómetros de nuevo trazado.

A diferencia del proyecto porteño, el de Quillota – La Cruz – La Calera no tiene platas chinas ni de otros inversionistas privados sobre la mesa. Se trata de una iniciativa que arrojó una rentabilidad social positiva, pero con una proyección de rentabilidad económica a no menos de cinco años. Siempre, esperando que el Gobierno de turno tenga la voluntad de inyectar recursos públicos, a modo de subsidio.

Ambos son proyectos relevantes. De eso no hay duda. Sin embargo, si nos preguntamos cuál de ellos refuerza de manera más fuerte la idea de descentralización de la región, gana por lejos la extensión del Metro a La Calera, por una razón muy simple: es un proyecto ciento por ciento integrador, que permitiría acortar las distancias entre el lugar donde trabajan y estudian y aquellas en las que viven. Así, se cumple con un objetivo esencial de la inversión pública, cual es la promoción del desarrollo equilibrado y descentralizado.

Junto con ello, si se toma una decisión inteligente, el modelo de negocios podría considerar el soterramiento de la red, abriendo espacios urbanos enormes para el surgimiento de emprendimientos comerciales.

Mientras un proyecto cumple excepcionales objetivos de transporte entre la costa y la capital del país; el retorno del tren a La Calera podría dar un paso hacia una histórica transformación de nuestras comunas, impulsando la industria inmobiliaria, comercial y de servicios.

Si alguna vez hubiera que elegir, creo que no hay por dónde perderse.

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