Las dificultades para consagrar la indispensable unidad para gobernar

El nuevo Sebastián Piñera que comenzará a gobernar Chile

No es el mismo del gobierno pasado.

Digan lo que digan, es otro gobernante, más maduro, con más experiencia, con más equilibrios y con una visión de país más contundente.

opinion de funador del diario el observador
Roberto Silva – Fundador de “El Observador”

Durante la campaña me tocó entrevistarlo para las radios de nuestra empresa de comunicaciones. Venía más sereno, miraba a los ojos, anotaba lo que se le planteaba, escuchaba más y estaba más atento a la gente. Muy distinto a la primera campaña del 2009.

El tiempo para los inteligentes no pasa en vano y a este chileno que fue profesor en Harvard, el paso de los años lo ha puesto más estadista. Declaró hace poco que “somos una centroderecha sin complejos, pero no significa ser sectarios ni creer que tenemos toda la razón”, y recalca: “No venimos con la lógica de la retroexcavadora, ni una refundacional. Nosotros no creemos que Chile va a comenzar el 11 de marzo de 2018”. Eso da cuenta de su convicción que el Estado de Chile sigue su rumbo y que está más arriba de las políticas partidistas.

Cuando llegó la primera vez al Palacio de La Moneda, hacía 50 años que la derecha no gobernaba. Jorge Alessandri había sido el último (1958 – 1964) y había sufrido un gran desgaste al no poder ponerse de acuerdo con la oposición, que finalmente anuló gran parte de sus buenas intenciones. Por eso le costó tanto encontrar colaboradores, en cambio ahora, cuenta con mucha gente con experiencia en su gobierno anterior y que hoy ya ocupan lugares claves en la nueva administración.

Por eso ha repetido que “el rol del gobierno y la oposición no es destruirse mutuamente. Espero que todos los chilenos actuemos con madurez, con patriotismo. Más allá de nuestras legítimas diferencias”. Piñera sabe que necesita a la oposición para gobernar y está tendiendo todos los puentes que sean necesarios para alcanzar esa gran meta, que le dará estabilidad a Chile.

Pero la tarea no es fácil.

Le están dejando muchos temas complejos sin resolver y de esa forma crecen las expectativas de la ciudadanía pensando que podría o debería solucionarlos.

Ahí están las reformas de educación, tributaria y laboral, que necesitan correcciones y ajustes indispensables. Ahí está el tema de las migraciones que se está transformando en una pesadilla, (ayer un haitiano me dijo que no quería que siguieran llegando más compatriotas suyos, porque estaba hace un mes sufriendo una dura cesantía, que lo tenía viviendo en la miseria. ‘Debieran pedirles visa’, concluyó). Ahí están los graves temas de salud y las macabras listas de espera. Ahí está el desafío pendiente de modificar las leyes para enfrentar de mejor modo la delincuencia. Ahí está el tema de los menores abandonados, que sigue siendo vergonzosamente postergado y maltratado. Ahí está el tema de la pobreza, que quiere enfrentar desde el Ministerio de Desarrollo Social, que él mismo llama el “corazón de mi gobierno”. En fin, muchísimos temas pendientes, complejos y vigentes, que necesitan soluciones concretas, modernas e inmediatas.

Su gran desafío será lograr acuerdos para gobernar, consensos, unidad a pesar de las diferencias. En ese esfuerzo se jugará la vida el nuevo gobierno, porque si lo logra podrá avanzar no solamente en estos cuatro años que vienen, sino proyectando su obra para los cuatros siguientes, que es el verdadero telón de fondo de muchos movimientos que hoy vemos en la conformación del gobierno.

Y este domingo, Sebastián Piñera y su gran equipo esperan celebrar, tanto como no pudo hacerlo la vez pasada por ese terremoto que se le interpuso antes de la fiesta cívica.

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