El derecho a evolucionar

Hace menos de dos semanas tuvimos de visita en Quillota al connotado escritor nacional Jorge Baradit, el mismo que hasta hace unos días pasó de formar importante de la destacada camada de comunicadores progresistas del nuevo Chile a ser uno más de los cuestionados personajes estancados en la década pasada, donde aún no había conciencia, o por lo menos no era una prioridad cambiar el machismo exacerbado de nuestra sociedad.

juan pablo rojas
Juan Pablo Rojas
Periodista

La caída del director de cine, Nicolás López gracias a las denuncias de ocho actrices en el reportaje de la revista “Sábado” de El Mercurio, lo desenmascaró como un abusador que no duda en utilizar su posición superior en el ámbito laboral para reclamar favores sexuales de sus subalternas, ¿escandaloso? por supuesto, pero es una práctica que, como muchas, se ha naturalizado.

Junto a López cayó su amigo el escritor Francisco Ortega, cuando reflotaron varias columnas de corte machista, que no se hacen más que reafirmar la misoginia imperante en el ambiente del cineasta y casi de rebote el pasado también golpeó a Jorge Baradit, cuando nos recordaron una serie de tuits en el mismo tono, que el escritor publicó en la red hace una década.

¿Podemos obviar algo que un reconocido defensor de causas sociales escribió hace 10 años? Claro que no, debemos castigar esos comentarios no importa de quién vengan, sin embargo, aunque me cueste reconocerlo, no puedo dejar de empatizar en cierta medida con Baradit.

No recuerdo haber hecho públicamente algún comentario misógino en mis redes sociales, pero tampoco niego haberlo hecho fuera de ellas, en mi círculo, me he reído y hecho chistes contra mujeres, homosexuales y etnias que hoy me provocan vergüenza.

Todos tenemos derecho a cambiar, a evolucionar, pero ese cambio también conlleva hacerse cargo por años de mirarse el ombligo y dejarse llevar por convenciones sociales que nos decían que la sociedad está bien, pese a las desigualdades y a las inequidades que aún existen en todo ámbito, género, económico, educación y un enorme etcétera.

Los ídolos que se desmoronan me dicen que estamos avanzando como sociedad, es necesario que caigan muchos más para deconstruirnos y ser más justos e inclusivos.

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