Educar con amor

Amo con todo el corazón a mi sobrina. Aplaudo cada ocurrencia que tiene, el uso de su vocabulario que crece cada día más. Disfruto de sus locuras, sus bailes, la imaginación que tiene cuando dibuja, pinta o la veo jugar con sus muñecas. Me encanta la facilidad que tiene para aprenderse las canciones que le gustan y para recordar los diálogos de las películas que ve una y otra vez.

Ricardo Maturana opinion
Ricardo Maturana
Periodista

Me gusta verla caminar hacia su sala de clases cada mañana, luego de despedirnos en la puerta del colegio. Camina emocionada, con pasos rápidos, feliz de reunirse con sus compañeros y de aprender. Siempre gira, mira hacia atrás y levanta su manito en señal de despedida. Los “te quiero tío” son como un bálsamo para mí.

Por eso la triste noticia de la muerte del pequeño niño calerano, asesinado a golpes por su abuela, me suena inconcebible, no solo trágica por los detalles terribles de los maltratos recibidos.

La excusa de que el pequeño no quisiera comer o fuera muy inquieto, es solo eso, una excusa. Me parece incomprensible que alguien sea capaz de causarle daño a un ser indefenso. Es difícil no esgrimir juicios de valor ante un acto de esta naturaleza, donde el amor no estuvo presente, en circunstancias que es ese sentimiento el que debe primar en el caso de los niños.

Pero lo sucedido con el pequeñito calerano, lamentablemente esconde un drama. El que vivieron este niño y sus dos hermanos. Les fallaron sus padres, lamentablemente atrapados por la drogadicción, les falló el sistema, que fue incapaz de evaluar de manera adecuada a quienes pidieron su custodia, le fallamos todos.

Rasgar vestiduras y lamentar un hecho tan doloroso a estas alturas es inoficioso, tardío, y la Justicia tendrá sus tiempos para actuar en el caso de quien aparece como autora de tan terrible acto.

Estoy seguro que muchos de quienes lean estas líneas, no comprenderán -al igual que yo- cómo alguien puede obrar de tal manera en contra de un pequeño y sentirán algo especial al abrazar a sus niños, celebrarán sus travesuras y educarán en base al amor, el cariño, la comprensión y el afecto.

Ayer por la mañana disfruté con la poesía del otoño que Matilde ya se aprendió y recitará pronto ante sus compañeros en el kínder. Le daré un beso y un abrazo apretado muy temprano, porque la adoro.

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