Conoce la historia del colibrí gigante que da la bienvenida a Olmué en La Dormida

Publicado el at 03/01/2019
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El escultor Fernando Gómez relató la travesía de esta ave de metal que forjó para su querida comuna

OLMUÉ.– El destacado artista Fernando Gómez Cantillano se ha ganado el cariño y la admiración de la comunidad, pues ha sabido plasmar en fierro forjado y soldadura al arco hermosas piezas que se han transformado en verdaderas postales para quienes visitan la comuna huasa.

Conocidos son los caballos de metal del Parque Teniente Merino y los instrumentos propios del folclor huaso, como el tormento, la guitarra y el arpa, piezas que se ubican en la Plaza Manuel Montt.  Pero además, sus obras han llegado a otras comunas, como “Pegasus”, el caballo alado que está frente a la Estación de Villa Alemana y el reciente “telar de La Ligua”, que da la bienvenida al sector de Valle Hermoso.

Hoy, a sus 36 años, Fernando Gómez se dedica de lleno al trabajo en fierro forjado y soldadura, en su taller ubicado en el sector Lo Castro de Quebrada Alvarado. Ahí plasma las técnicas que aprendió cuando estudió mecánica industrial en el Liceo “Oscar Corona Barahona” de La Calera y donde el ramo de soldadura abrió sus sentidos para descubrir el arte que hoy abraza y le da el sustento.

“Mis trabajos son muy leíbles, no requieren gran interpretación. Lo leen los niños, los adultos y la gente de campo y eso me gusta. Yo me debo al público y mis obras se inspiran en la observación de la naturaleza y en el sentimiento que nace desde esa observación”, expresó el olmueíno desde su taller.

EL VIAJE DEL COLIBRÍ

Sin lugar a dudas, la cercanía que este escultor ha tenido por años recorriendo el entorno campestre de Quebrada Alvarado, lo ha llevado a plasmar sus sentimientos en el frío metal.

Y es precisamente su último trabajo el que destaca en este sentido, pues nació de una muy singular petición de la alcaldesa Macarena Santelices, quien buscaba reemplazar la extinta escultura en madera de Pedro de Valdivia que a fines de 2015 fue quemada por vándalos y que se ubicaba en el kilómetro 11 de la ruta F-10 G, justo en el límite entre Til Til y Olmué.

“Un día la señora Macarena me dijo, ´Fernando, queremos tener una bonita escultura que sea querida y respetada y que rescate la identidad de Olmué´. Entonces yo fui a la parte alta de La Dormida y observé. En el lugar había muchos colibrís y muchas flores de Quillayes y le presenté este proyecto porque esta zona es reserva de la Biosfera y se inserta en el paisaje” comentó.

Fueron 2 meses de trabajo uniendo planchas de 3 milímetros de espesor sobre una estructura de acero, que con la técnica del corte, la forja y la soldadura al arco, se transformaron en un impresionante colibrí de 3,60 metros de altura y 2,80 metros de alto.

Un copihue de metal es lo que sostiene al ave, que parece volar en lo alto del cerro y está pintada de intensos tonos verdes. Bajo el colibrí, los fierros acumulan el rocío y forman un bebedero para las aves del sector.

MOTOCICLISTAS CREARON LA “RUTA DEL COLIBRÍ

Fernando Gómez comparte su pasión por la escultura con las motos. El pasado jueves y junto a un grupo de motociclistas de Villa Alemana y Quilpué,  crearon “La Ruta del Colibrí”,  que partió desde el centro comercial  El Belloto de Quilpué y llegó hasta la cima de La Dormida, donde el grupo compartió un sandwich en una “picada”  del lugar y retornó hacia la escultura, para contemplar el valle bajo las estrellas.

“Estoy muy contento porque esto es un polo incluso para el turismo. Espero que pronto la municipalidad pueda colocar bancas, un mapa y un estacionamiento y que este colibrí invite a cuidar el entorno natural a quienes visiten Olmué”, añadió el artista.

 

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