¿Cómo era Jesús físicamente?

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opinion de funador del diario el observador
Roberto Silva – Fundador de “El Observador”

Se trata de un tema no resuelto por los historiadores. Lo cierto es que no existe ninguna fuente, es decir, ningún documento certificado de la época, que pueda determinar el aspecto físico de este hombre llamado Jesús.

Sin embargo, hay algunas pistas.

Se ha querido encontrar una respuesta en el relato de Zaqueo, sobre quien se escribió que a la llegada de Jesús a Jericó, “trataba de ver a Jesús (por saber) quién era, y no podía a causa de la multitud, porque era pequeño de estatura; y corriendo adelante se subió a un sicomoro para verlo, porque iba a pasar por allí”. Citado en Lucas 19, 3-4.

De estas palabras se ha querido deducir que Jesús era pequeño de estatura, pero al parecer es un error, porque el sujeto de toda la narración no es Jesús, sino Zaqueo, quien trepa al árbol porque precisamente era pequeño de estatura.

El principal problema es que Jesús nace, vive y muere en Palestina, una zona donde por asuntos religiosos se prohibía toda representación humana, para impedir que se desarrollara aún más la idolatría. Por eso no hay dibujos ni pinturas ni esculturas.

Nadie podía conformarse con la falta de imágenes de Jesús, por eso surgen tanto en el campo artístico como literario, algunas visiones sobre el aspecto físico del profeta.

Las sagradas escrituras vuelven a dar una pista, tanto para decir que era más bien feo, como para decir que era bello.

En Isaías, 53, 2; encontramos el poema “Siervo de Yahvé”, donde afirma: “Figura no tenía ni belleza y lo miramos y no (tenía) aspecto tal (como para) que lo estimásemos”. Esto ayudó que lo encontraran sin belleza.

En tanto que el Salmo 45, 3 Hebreos, exclama “Bellísimo eres entre los hijos de hombre; derramada es la gracia en tus labios”, con lo cual confirma la hermosura de Jesús.

Naturalmente que unos y otros incurren en errores, porque se trata de apreciaciones sobre el espíritu de Jesús, más que de su aspecto físico.

Pero fueron esos textos los que llevaron a distintos autores a decir las más diversas interpretaciones, según lo cuenta uno de los más grandes y serios investigadores de Jesucristo, Giuseppe Ricciotti, en su clásica obra.

Veamos algunos casos.

San Justino mártir dice que Jesús era deforme. Según Clemente Alejandrino era feo de rostro. Para Tertuliano carecía de hermosura. Según San Efrén de Siria tenía una estatura de tres codos, es decir, cerca de 1,35 cms. Para el pagano Celso, Jesús era pequeño, feo y desgarbado.

Por otra parte están los partidarios de la hermosura de Jesús, entre los que se cuentan Gregorio de Nissa, Juan Crisóstomo, Jerónimo y Teodoreto, que aseguran tenía buen porte, un rostro agradable y un muy buen aspecto físico en general.

Lo más probable, como ya lo dijo un historiador de la época, es que para los impíos Jesús fuera feo, pero para los creyentes fuera bello, porque reflejaban su fe en la mirada que hacían sobre el personaje histórico.

Estos antecedentes son sobre los primeros tres siglos de la era cristiana. Después vendrán otros testimonios. Por ejemplo, en el año 710, Andrés Metropolitano de Creta, realiza un retrato de Jesús, basándose en la descripción de un tal Josefo, en la que se asegura que tenía “cejas unidas, con ojos bellos, con el rostro alargado, un poco encorvado, de buena estatura, como ciertamente aparecía viviendo con los hombres”.

Con el paso del tiempo, muchos pintores, dibujantes, escultores, escritores y cineastas, fueron retratando a Jesús, tanto en la cruz como en las distintas acciones de su vida, llegando a conformar un aspecto físico que es el que hoy se acepta como válido, a pesar que la historia no tiene una versión definitiva.

Aparentemente nadie ha visto a Jesús en los últimos siglos, pero la verdad es que millones de seres humanos lo ven diariamente, le hablan y lo siguen, llevando cada uno de ellos una imagen personal de Jesús, construida con los retratos que han visto y con su fe.

¿Cómo es su personal Jesús? Seguramente distinto de la forma como lo ven los demás, pero es el suyo, el que Usted se hizo con el paso del tiempo y del que ahora celebramos su nacimiento.

¡Feliz Navidad!


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