"Chilezuela" y el miedo como factor político por claudio espejo

“Chilezuela” y el miedo como factor político

Claudio Espejo
Claudio Espejo Bórquez Editor

Cuando leo mensajes que advierten que Alejandro Guillier podría convertir a Chile en una nueva Venezuela, lo primero que me provoca es decir: “Ojalá fuéramos venezolanos”, porque estoy seguro de que conviviríamos con un alma un poquito más sonriente que la que tenemos hoy. Pero -claro está- quienes difunden tales profecías, lo hacen para inducir a los votantes a pensar que Chile podría caer en la dolorosa refriega previa al golpe contra Salvador Allende en 1973, que es el hito más parecido a la dura crisis que vive hoy el país caribeño.

Del otro lado, no han faltado los intentos por decir, livianamente, que Piñera y sus “boys” representan la muerte de todo beneficio social, cuando esa decisión sería -en realidad- la caída de cualquier intento de continuidad de su sector en la siguiente elección.

Como sea, hay un factor que es clave y le abre el paso a los malintencionados para engañarnos con caricaturas absurdas: el miedo.

En una conversación muy republicana con un ex candidato a diputado, le planteé mi convicción de que el discurso político está distanciándose de la gente, porque no se han dado cuenta de la necesidad de pasar del manoseado (y casi religioso) discurso de “la justicia social”, al de “la protección personal y social”. Porque algo que necesitamos con urgencia es que nos quiten los miedos.

El miedo a enfermarnos, incluso entre quienes ganan cuatro veces el sueldo mínimo, porque, si eso pasa, cualquier familia se va a la quiebra; miedo a que nuestros hijos salgan de cuarto medio, porque no sabemos si podremos pagar sus estudios superiores; miedo a que nos desvalijen la casa mientras estamos trabajando; miedo a que nos clonen la tarjeta, porque la ley favorece a los bancos. Y, al final de nuestra vida activa, miedo a jubilar, porque vivimos en un país con pensiones de hambre, mientras quienes administran nuestros fondos celebran sus buenos negocios.

Ante el exceso de miedos, las campañas del terror se reproducen como la mala hierba.

Es evidente que este país no “se cae a pedazos” ni es el “jaguar” de Latinoamérica. Como también es obvia la necesidad de centrar el debate en cómo el Estado puede proteger nuestro esfuerzo personal y social, administrando eficiente, solidaria y limpiamente los recursos de todos. Ingenuo, espero que los candidatos (y sus cortes) no sigan aprovechándose de nuestros miedos, sino que piensen en cómo solucionarlos.

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